Los 18 y la Uni

Cuando llegamos por primera vez a la universidad, mi amiga L y yo nos encontramos un cuarto lleno de colchones húmedos, pues durante las vacaciones aquel sitio, marcado con el 103B, había sido el almacén del resto del piso. Fue duro. Entre tanto no fueron llegando el resto de los inquilinos superiores (algunos tardaron una semana), aquel lugar se mantuvo hasta el techo de colchones apestosos, entre los cuales debimos abrir un huequito para acomodarnos.

Era un domingo y luego de la descarga de todas nuestras cosas, en un acto solidario de la familia de L, tuvimos que fajarnos con la limpieza del cuarto y en específico con la del baño, incluyendo una batalla a muerte con algunos inquilinos que flotaban, quién sabe desde cuando, en la taza. Terminamos exhaustas y convencidas de que la universidad no era aquel lugar maravilloso del cual nos habían hablado.


Aquella primera noche fue de incertidumbres. No sabíamos absolutamente nada de lo que debíamos hacer, y lo más grave fue que nunca nadie nos lo indicó; eso era lo normal, pero no lo sabíamos. Mi amiga L y yo, al menos, veníamos de un régimen de preuniversitario vocacional, donde había horario regido para todo, menos para los descalabros que pronto descubrimos era lo que más abundaba en la universidad. En el pre dedicábamos un horario estricto al estudio, al trabajo, a la recreación (uno corto) y al descanso; todo aquello sin permitírsenos, bajo ningún concepto, estar despiertos pasadas las 10 de la noche. Por eso, en medio de aquella espantosa libertad de la primera noche universitaria, no hicimos sino asustarnos. Recuerdo que L y yo nos mirábamos desconcertadas.

En el transcurso de esa tarde habían llegado otras 2 compañeras, eran espirituanas: K y L.B, pero ellas, aunque más sueltecitas que nosotras, tampoco tenían experiencia. L y yo decidimos salir del cuarto, romper la inercia de nuestra aburrida noche, y aventurarnos entre los enormes edificios y la geografía de la UCLV que en ese momento aún no lográbamos entender; los edificios nos parecían estar ubicados al revés y la distribución, un total desorden. Nos vestimos con una ropita que creímos decente, pero si un sello distintivo tienen todos los estudiantes de primer año es esa mezcla fatal entre niñez y “guajirá” que no hay quien te la quite de encima. Cuando un alumno de primer año camina por un pasillo de la universidad, menos otros alumnos de primer año, todos los demás son capaces de identificarlos. Entonces L y yo, muy valientes, rompimos la barrera del cuarto y salimos a dar una vuelta; serían las 10 p.m.

Para nuestro gran asombro la vida afuera parecía que recién comenzaba. Todas las luces estaban encendidas y los pasillos repletísimos de jóvenes mozos sentados en los muros, o en la escalera o de pie en un grupo conversando y riendo. Otros se abrazaban, otros jugaban de mano, los novios paseaban orgullosos, y a todos se les veía muy feliz. Fue entonces cuando vimos a E. A E lo conocimos en el pre, y a la verdad fue un alivio encontrarlo porque en lo sucesivo nos ayudó muchísimo con todo aquello de entrar en la dinámica universitaria; pero esa historia se las contaré otro día. Lo cierto fue, que aquella noche, al menos, nos sacudimos esa modorra que nos provocó el recibimiento.

Luego dormimos en las nuevas camas como pudimos y en la mañana nos despertaron las otras chicas que llegaron para el inicio oficial de las clases aquel 5 de septiembre de 2005. L y yo ni imaginábamos las historias divertidísimas que viviríamos con cada una de ellas, las broncas y las tristezas, los arrepentimientos, las fiestas, las tensiones de las clases, la batalla con los profesores, los noviazgos, las amistades…, las millones de experiencias que a uno le entran en el alma vulnerable, melancólica y susceptible, como la de casi todas las féminas de 18 años; claro, siempre hay excepciones.

Todo ello pretendo contárselos más adelante a través de este espacio, que será una forma de compartir experiencias que de seguro son muy similares a la que ustedes viven ahora mismo. Un universitario siempre es parecido a un universitario anterior. Siempre tengan en cuenta que el tiempo pasa demasiado rápido como para no disfrutarlo al máximo.

Comentarios

Entradas populares