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La plaga

No te subes en la silla, el libro lo puedes alcanzar si te estiras un poco. En efecto, lo logras y tan rápido lo sostienes en la mano, lo sueltas espantada. Fábulas de mi abuela extraterrestre ha caído en el suelo y por entre las páginas amarillas y la carátula ya difusa comienzan a subir los comejenes. Miras hacia arriba y te pones las manos en la cabeza, haces el gesto de la negación y sin más remedio, finalmente, buscas la silla y comienzas a bajar todos los demás ejemplares. Cada segmento oscuro del librero está decorado por surcos que atraviesan páginas, tablas, marcos y hasta la mismísima pared. 
Entre la puerta del baño y la esquina más lóbrega descubres el nido. Parecen hormigas, salvo que son blancos, como gusanos infectados por algún virus del hambre. Tiras, uno por uno, todos los libros. Escribirás tiempo después: Mi amor, todos nuestros libros / abrazados por la Sombra Blanca / marcharon con manos de cenizas / a la basura. / Cargamos escaleras arriba, / aquella tarde, / los…

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